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CONTENIDO..
3. Poema: ¡Silencio!, Dellanira Herasme.
2. Felipe Lora: "Balaguer, el constructor"
1. José T. Castellanos: ¿Qué son los santos?
¡SILENCIO!
Autor: Dellanira Herasme
Hoy, he tomado prestados los oidos del silencio
Para decirle en secreto de este amor que me devora
Y que brota por doquier,
Contarles que mariposas, alborosan mi cabeza:
Revoloteando mi mente, mi Corazón y mi cuerpo,
Haciendo erizar mi piel.
Confesarles que eres tu, en mi una necesidad
Y que gracias a tu existir, hoy yo puedo respirar
Hablamos, que conozco, cada espacio de tu cuerpo
Aún cuando en realidad, no te he tocado ni un pelo
Y es que te imagino tanto,
Te llevo siempre en mis sueños
Que no transcurre un Segundo,
sin que estés en mis pensamientos
Le dije que el universo, decidió cantar por tí
Y entre sus obligaciones , tiene la de permitir,
Que se entremezclen los sueños,
Que aumentan los sentimientos
De este amor que llevo dentro
Y que aún ..no ha de salir..
En respuesta a la presentación del documental "El Constructor" auspiciado por El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) que narra la vida y obra de Joaquín Balaguer.
Balaguer: "El Constructor"
Por El Loro (Felipe Lora)
De Trujillo, un asistente,
Más que vil, fue un traidor
Quien usando el terror
Se elegía presidente.
Se rodeó del delincuente
Del vasallo alabador,
El que hoy es promotor
De un legado funesto
Y pasa de deshonesto
Al llamarlo "El constructor".
Fue parte de la 40,
Aunque no la construyó,
Pero fue él que fundó
La Policía más cruenta,
La cual mantuvo contenta
Con macuteo y picá.
El convirtió en atrasá
A toda la población,
Construyó la reelección
Y La Banda Colorá.
En construcción, su legado,
Y no debe ser misterio,
Han de ser los cementerios
Que dejó sobre poblado.
Líderes ajusticiados,
Miles desaparecidos;
Y con todos los caídos
Construyó un pueblo de luto
Y es suyo el atributo
De habernos empobrecidos.
Sin dudas él construyó
El Escuadrón de la Muerte
Y con columnas muy fuerte
La corrupción levantó.
Y el que se benefició
De gobiernos de concreto
Saca hoy un esqueleto
El cual debe rechazar,
Pues debemos evitar
Que nos falten el respeto.
¿Qué son los santos?
José T. Castellanos
tcastellanos26@yahoo.com
Yo trataba de explicarle esto (a mi manera) a uno que me preguntó que si yo creía en los santos. Se trataba de uno de esos cristianos que dicen: ustedes, los católicos adoran imágenes.
Le dije yo, ¿tú conoces lo que es el Salón de la Fama del Béisbol? Forman ese salón los que han sido grandes estrellas de ese deporte. Allí están Lou Gehrig, el Caballo de Hierro, que además de los muchos jonrones que dió, jugó en una enorme cantidad de juegos seguidos. Fue también un gran ser humano. No sé si pudiste ver la película "Ídolo Amante y Héroe". Están allí también Ty Cobb, Babe Ruth y otros jonroneros. Están los grandes lanzadores Bob Feller, Dizzy Dean y otros, entre ellos Juan Marichal, a quien además le han hecho una estatua en el estadio de San Francisco.
Esos grandes héroes de las jornadas beisboleras son, para los jóvenes que juegan béisbol en universidades, colegios, maniguas y cruce de caminos, los ejemplos a imitar. Algunos jóvenes lanzadores, al lanzar, querrán alzar la pierna izquierda como lo hacia Marichal, y otros tomarán al pararse en el home plate, el porte de, digamos de Sammy Sosa, que todavía no está en Salón, pero que de seguro estará allí.
Eso, más o menos, es el Santoral. Allí están, clasificados por sus hazañas de solidaridad con el prójimo y su amor a Dios, hombres y mujeres de distintas épocas y distintas naciones. Es muy probable que usted haya conocido a la Madre Teresa de Calcuta. Y, si no es muy despreocupado con la historia del siglo pasado (Segunda Guerra Mundial), conocerá también al polaco Maximiliano Kolbe. Y quizás haya oído hablar del Hermano Roger, fundador de la Comunidad de Taizé, y del Dr. Albert Sweitzer, aquel eminente músico, teólogo y médico francés que se estableció en Lambarené, África, para curar a los pobres. De seguro me dirá usted que estos dos últimos no eran católicos. Pues claro que lo sé, pero también fueron santos, quién lo duda. Y son también ejemplos dignos de imitarse.
Porque el verdadero culto a los santos consiste en el deseo o la voluntad de imitarlos. Y para eso hay santos de todos colores, tamaños y edades. Desde el peruano Martín de Porres, que manejaba la escoba, hasta Agustin de Hipona y Tomás de Aquino, que eran filósofos. Sin que olvidemos, como hacen muchas de las feministas de ahora, a esa dulce mujer de hierro española del Siglo XVI, Teresa de Ávila.
Claro, esto de la imitación, es lo difícil. Lo fácil es encenderle una velita a una imagen (y, ¡cuidado con las velas! que producen incendios, que no sólo se quemó El Cuarto de Lola, si no que se han quemado muchos otros). Así también de fácil y tonta es la devoción a un santo de quien sólo se conoce la imagen.
Porque la devoción a un santo ha de partir del conocimiento de su biografía. Del conocimiento de su excepcional estilo de vida. Un estilo de vida que debe inspirar en el devoto una conducta, en algún modo, semejante o parecida a la del santo. A mi me inspira Ignacio de Loyola por la corajuda disciplina de su vida religiosa. Una disciplina ignaciana que inspira mi lucha contra la pereza, la gula y las otras bajas pasiones que no quiero mencionar.
Y siguiendo con la comparación con los santos y el Salón de la Fama del Béisbol, diría que así como un joven que quiera imitar a Marichal, tendrá que levantar muy alto al lanzar, su pierna izquierda, así mismo un devoto de San Francisco de Asís ("¡Hermano Sol! ¡Hermana Luna!") tendrá que tratar de ser un poco poeta y un poco ecologista.
Aunque todavía le queda otro camino franciscano, experto en limar asperezas: "Señor, hazme instrumento de tu paz".
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