Después de Juan, José y Joaquín
El Reino es de Leonel
Por Marcos A. Tejeda
E-mail: tejeda@elsoldelaflorida.com
Elecciones 2006
Las pasadas elecciones congresuales y municipales del 16 de mayo, revelaron una vez más el poder de decisión del pueblo en cuanto a escoger sus líderes se refiere. No importó los millones de pesos invertidos en publicidad; no importó los millones invertidos en comprar influencias, en encubrir mentiras y en disfrazar candidatos con agendas huecas y falsas. Al final, la gente habla en las urnas y les da sorpresas a muchos.
En pasadas administraciones, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) gobernó con todo a su favor: Presidente y Congreso, y no supieron hacerlo, ni tampoco peligró la democracia, a pesar de utilizar el poder a su antojo y para beneficio de un grupo en particular. Desde luego, el poder acumulado en manos de un mismo partido es peligroso cuando no se tiene conciencia de su uso y se emplea en propósitos malsanos.
El pueblo premió al oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), otorgándole 22 senadurías, tal y como se lo pidió su presidente, el doctor Leonel Fernández, quien le suplicó al pueblo que pusiera el Congreso a su favor a fin de gobernar con mayor holgura para continuar con el progresivo desarrollo del país.
Pues bien, ahí lo tiene, Señor Presidente. Es suyo el poder. Ahora recuerde que el pueblo espera mucho de usted. El pueblo no quiere ver números positivos en libros de micro y macro economía. La economía se mide en cada uno de los bolsillos de los dominicanos, a quienes se les hace poner sobre la mesa la canasta básica familiar. El pueblo no debe ser tan utópico como pedir eliminar el desempleo y la pobreza, pero sí disminuirlos sustancialmente. El problema energético debe ser la prioridad del Mandatario. A ese mal de tantos años que nadie ha sabido enfrentar, se le debe buscar solución ya; es urgente el pueblo lo reclama.
El Gran Perdedor
Hace tiempo que lo dije.. El PPH con su arquitecto Hipólito Mejía a la cabeza se convertirían en un ente canceroso, no solo para el Partido Revolucionario Dominicano, sino para todo el país. A dos años de su pasado gobierno, Mejía tomó la terca decisión de imponer su voluntad por encima de las de sus partidarios que optaban por oportunidades para dirigir los destinos del país. Esa terquedad del pasado mandatario, acompañada de la prepotencia de su grupo, convirtieron el partido de José Francisco Peña Gómez en un rompecabezas donde cada quien quiso poner las piezas donde mejor le pareciera, dando como resultado la división interna y terminando por ende en el desastre electoral para el partido blanco del año 2004.
El gran perdedor -y más que perdedor, destructor- del PRD, es Hipólito Mejía, quien a sabiendas de lo que hizo en los cuatro años de su gobierno continuó gravitando en el accionar político del país y le inyectó penicilinas a un muerto para tratar de revivir lo inrevivible (si existe el término), en esta pasada contienda electoral. Mientras el PRD no erradique el veneno que lo está aniquilando continuará moribundo hasta fallecer.
Hipólito Mejía es el responsable de la Gran Derrota del 2004 en las Presidenciales y el Gran Perdedor del 2006 en las Congresuales y Municipales. ¿Qué más tiene el PRD que esperar?
PRD-PRSC
Dime con quien andas y te diré quién eres
Bien lo dice la Biblia: "el que anda con personas sabias, se hará sabio, el que trata con estúpidos, le irá mal" (Proverbios 13:20).
El Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que a su vez se derrumbaba a pedazos a raíz de una inmensa división interna que hasta el día de hoy no ha podido superar, y mucho menos ha sabido unificar a sus miembros por falta de liderazgo y dirección, se unió a otra hecatombe política como el PRD, en una Gran Alianza Nacional (GANA), que no sirvió más que para convertirse en otro Gran Fracaso Emocional para todos sus cabecillas y miembros.
Si usted no arregla su casa primero, jamás podrá mejorar la ajena. Si bien quieren ambos partidos (PRD, PRSC) volver a ser lo que eran en los tiempos de sus caciques Peña Gómez y Balaguer, deben dejar atrás la prepotencia, la soberbia y el orgullo, y reunificar a sus miembros con humildad. Estos deben hacer un llamado sincero, sin odio ni rencor, a todos los verdaderos reformistas y perredeístas que andan despavoridos por el malo manejo de sus partidos y por las falsas direcciones de sus líderes.
El Reino es de Leonel
Después de los tres grandes líderes de los tres grandes partidos de las pasadas cuatro décadas, la República Dominicana cuenta con un solo y único líder, el doctor Leonel Fernández Reyna. Esto no ocurre por coincidencia, ni por suerte del destino, sino por la visión y preparación que uno de estos grandes líderes confió en su alumno. De los tres viejos caudillos José Francisco Peña Gómez, Joaquín Balaguer y Juan Bosch, este último es el único que agarró de las manos a su alumno y lo llevó hasta su consagración política, haciéndolo candidato a la vice presidencia en una de sus contiendas electorales y luego alzándole las manos cuando llegó al poder como Presidente. Bosch fue el único líder que hizo esto y procuró la continua unidad de su partido.
Joaquín Balaguer jamás permitió sombras que relevara su liderazgo. Bien lo indicaba el populacho: "mientras Balaguer respire, que nadie aspire". Balaguer fue tan empedernido en este concepto, que cuando uno de sus partidarios intentó violentar sus principios de líder único, le arrebató el poder de las manos y se lo entregó a la oposición. Hablamos de la candidatura presidencial del reformista Jacinto Peynado. Balaguer prefirió respaldar al opositor Leonel Fernández del PLD, algo nunca visto en la historia dominicana. Los reformistas vieron con asombro como su líder junto a Juan Bosch levantaba las manos triunfalistas de Leonel Fernández en un asombroso Pacto por la Dignidad.
El tercer caudillo y líder indiscutible de multitudes, el doctor José Francisco Peña Gómez, dejó su partido a la deriva, no por la ambición de poder autoritario que mostraba Balaguer, sino por su incapacidad de controlar "fuerzas incontrolables" dentro de su partido. Mientras Peña estuvo vivo, el partido mantuvo su unidad, más bien por respeto a la figura de su líder, que por principio. Al desaparecer físicamente Peña Gómez, más de una docena de sus dirigentes se embarcaron en una guerra de liderazgo para mantener el control del partido, terminando tal "jaladera de moños" en una eminente división interna del partido, y de la cual surgió Hipólito Mejía.
Mejía se benefició del estado emocional del pueblo dominicano tras la muerte de Peña Gómez, y a la vez se ganó su confianza con un discurso atípico, franco, directo y pueblerino, dando como resultado su elección a la primera magistratura del país. Desde luego, los resultados finales de su gestión fue un desastre nacional.
Si hacemos una revisión a vuelo de águila, nos encontramos con que el país tiene muy buenos hombres y políticos con buenas intenciones, pero líderes con la capacidad para sacar al país del atolladero económico y social en que se encuentra, son pocos. En realidad, hoy día solo vemos a Leonel Fernández con la actitud pacifica, la entereza profesional y su visión de futuro progresista, apto para conducir al país por un mejor sendero.
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